El valor de la firmeza frente a la ansiedad de aprobación inmediata
Por Anibal de Catro
Como escribe el diplomático chileno Roberto Ampuero, las mayorías no siempre tienen razón, ni el aplauso coyuntural coincide necesariamente con los intereses permanentes de un país.
La decisión del presidente Luis Abinader respecto al
proyecto de GoldQuest ocurre precisamente en medio de esa atmósfera que fertiliza
el terreno para el populismo. Que consiste en prometer lo imposible, pero
también en gobernar al ritmo de la presión más estridente, canjeando el
análisis técnico por el cálculo emocional; y el largo plazo, por la
conveniencia inmediata.
Nada más fácil, políticamente, que refugiarse en consignas
absolutas. Convertir cualquier debate minero en una batalla entre
"depredadores" y "salvadores" simplifica la discusión y
produce aplausos instantáneos. Empero, gobernar un país sobrepasa la
administración de emociones colectivas. Un Estado serio debe evaluar riesgos,
beneficios, impactos y alternativas con una mirada menos impulsiva y más
estratégica.
La democracia necesita escuchar a la ciudadanía, sin
convertirse en rehén del humor cambiante de las redes. O de movilizaciones que
muchas veces responden más al oportunismo político que a una reflexión profunda
sobre el interés nacional.
Un gobernante no está para repetir el coro, sino para discernir cuándo las voces se equivocan, exageran o simplemente actúan desde el miedo. La verdadera responsabilidad política comienza justamente allí: en la capacidad de resistir la tentación del aplauso fácil y decidir pensando en el país que permanece cuando el ruido pasa.


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