Este sábado se ha consumado la crisis más grave en la historia moderna del
PSOE, un partido que ha gobernado España 21 de sus 39 años de democracia.
MADRID, ESPAÑA.- La dimisión del líder socialista,
Pedro Sánchez, derrotado este sábado en el Comité Federal de su partido, abre
paso a un nuevo Gobierno en España, toda vez que el actual lleva en funciones
más de nueve meses.
Los representantes del sector crítico del PSOE,
aquellos que han logrado forzar la salida de Sánchez, son partidarios de que el
grupo socialista se abstenga en el Parlamento para que el conservador Mariano
Rajoy, a quien le faltan seis diputados para la mayoría absoluta, pueda formar
Gobierno.
El hasta este sábado secretario general anunció
personalmente su retirada después de que el Comité Federal, órgano de dirección
del partido, votara contra su propuesta de celebrar unas elecciones primarias y
un congreso extraordinario.
Este mismo comité nombró tras 16 horas de debates una
comisión gestora cuyo único objetivo será conducir al partido a un congreso
extraordinario que renueve los órganos de dirección del PSOE.
Sánchez, que perdió la votación por 133 votos frente a
107, pidió públicamente unidad en el partido, prometió apoyar a la nueva
Comisión Ejecutiva, encargada de aplicar las directrices del Comité Federal y
se mostró orgulloso tanto de “militar en el Partido Socialista” como de haber
mantenido sus “firmes convicciones”.
A las puertas de la sede del PSOE, en la céntrica
calle madrileña de Ferraz, un numerosos grupo de personas, la mayoría
socialistas partidarios del ya ex secretario general, reaccionaron ante su
dimisión con gritos de “Pedro, Pedro” mientras algunos de los miembros de la
dirección salían llorando a la calle.
El cónclave del PSOE, que continuaba a última hora de
la noche de este sábado y la madrifada de estre domingo, fue tan tenso durante
todo el día que no faltaron gritos, graves acusaciones y hasta insultos entre
los dos bandos enfrentados.
El sector crítico llegó a reunir firmas para presentar
una moción de censura contra Sánchez, pero su gesto fue desestimado por la mesa
del Comité Federal, que alegó razones estatutarias.
Por su parte, la Comisión Ejecutiva --en funciones
desde que el miércoles pasado dimitiera casi la mitad de sus miembros-- colocó
a media tarde una urna para votar la propuesta de Sánchez, que consistía en
celebrar elecciones primarias el 23 de octubre y un congreso extraordinario en
noviembre.
La votación empezó pero fue suspendida entre
acusaciones de “pucherazo” y “fraude” por parte de los críticos, que se negaron
a participar en ella.
La bronca reunión socialista empezó por la mañana con
cuatro horas de retraso porque no había acuerdo sobre el orden del día, sobre
quién podía votar qué y sobre otras cuestiones puramente reglamentarias.
Sánchez había advertido la víspera, el viernes por la
noche, de que dimitiría de su cargo si el Comité Federal tumbaba sus
propuestas, que implicaban mantener el “no” a Rajoy y, muy probablemente, la
celebración de unas terceras e indeseadas elecciones generales.
Pero ya se ha consumado la crisis más grave en la
historia moderna del PSOE, un partido que ha gobernado España 21 de sus 39 años
de democracia.
La caída de Sánchez se ha producido porque los
críticos han considerado que su Ejecutiva ya no representaba al partido; porque
han creído que no era posible el “gobierno alternativo” que esperaba liderar el
ya exdirigente socialista y, en fin, porque le han responsabilizado de las
cuatro elecciones, dos generales y dos regionales, perdidas en menos de un año.


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