
Cuando el Gobierno de República Dominicana anunció ese esquema creó
unas expectativas no avaladas por la experiencia internacional. La ley 47-20,
sobre APP, fue promulgada el 10 de febrero del año 2020. En la combinación fotográfica, algunos proyectos a ser erigidos por el programa APP.
Santo Domingo.- Las expectativas
creadas en el Gobierno sobre el “amplio vuelo”, que tendrían los proyectos en
el esquema de alianzas público-privadas (APP) se van desvaneciendo conforme
pasa el tiempo.
La razón para que eso ocurra es que concretamente no hay un solo proyecto en firme bajo esa sombrilla.
Todo indica que esas expectativas e ilusiones, transferidas a la población
desde el ámbito público, se generaron sin conocimiento de fondo sobre el tema.
Si usted cuestiona a funcionarios o a
instituciones con responsabilidades en el tema, seguramente afirmarán que se
está trabajando y lo defenderán “a capa y espada”. Incluso, se atreverían a
decir que se ha avanzado, porque se ha hecho una apuesta fuerte a las APP, para
lo cual se empoderó a la Dirección General de Alianzas Público Privadas
(Dgapp).
Pero lo cierto es que en terreno firme al
día de hoy no existe una iniciativa de envergadura. El tema que más se asocia a
la cuestión público-privada es el Proyecto de Fideicomiso Pedernales como un
esquema en parte de APP, pero no queda claro cómo está operando ese
fideicomiso, ni cuál es la alianza público-privada que lo sustenta.
No hay una explicación clara de parte del
Gobierno respecto a ello, excepto algunas, que dan cuenta de que “no se ha
querido firmar proyectos que sean lesivos a las finanzas públicas”.
Y al decir eso, apenas se ha dejado
espacio para armar algunas conjeturas sobre lo que ha ocurrido.
En el tiempo transcurrido se ha hablado de
la posibilidad de desarrollar mediante alianzas del tipo descrito proyectos
como el de pasaportes electrónicos, de inspección vehicular, estacionamientos
públicos y sistema de infracciones.
La ley 47-20, sobre APP, fue promulgada el
10 de febrero del año 2020.
Cuando el Gobierno anunció las APP lo hizo
creando unas expectativas que no estaban avaladas por la experiencia
internacional. La realidad en América Latina es que las APP se han movido
lentamente y aun en los países en que se han consolidado, éstas apenas
representan un 0.7% del producto interno bruto (PIB) en promedio. Es decir, no
son tan grandes ni abarcan muchos sectores. Se hacen puntualmente en proyectos
estratégicos.
Lo más parecido a una APP que se había hecho en el país era la carretera de
Samaná (no es estrictamente una APP, pero es parecida); y éste fue un proyecto
de mala experiencia y satanizado en la opinión pública.
Esto implica que los potenciales
inversionistas de nuevas APP iban a tener mucho cuidado en invertir en el país
porque puede haber un costo reputacional alto: si la APP no sale bien, se
sataniza al inversionista.
Pero también hay un costo reputacional
para el Gobierno, así que éste se ha cuidado de no firmar algo si no está lo suficientemente
convencido o seguro de que será muy beneficioso.
Y aquí viene un problema de inicio: el
inversionista pone su dinero sólo si hay suficientes garantías del Gobierno. Es
evidente que lo que han pedido los inversionistas, ha sido considerado prohibitivo
por el Gobierno. El resultado es que no hay ningún proyecto a la fecha.
El “timing” del lanzamiento de la campaña
por las APP coincidió con la crisis del covid por un lado. Y esto implicaba
mucha incertidumbre para los inversionistas. También coincidió con la
terminación del contrato de la concesión de Samaná; y eso creó más
incertidumbre.
“Las APP no son para todos los países y
todos los sectores”, ha dicho el Banco Mundial. Considera que en América Latina
y el Caribe solo los países grandes y medianos con desarrollo financiero mínimo
pueden asumir programas de APP de amplio alcance y que el resto de países de la
región podría recurrir a las APP para financiar proyectos “emblemáticos”.
Respecto a esto último, no parecen caer
dentro de la categoría de “emblemáticos” algunos potenciales proyectos de APP
en el país como el de Inspección técnica vehicular, Estacionamientos públicos,
Sistema de infracciones y Pasaportes electrónicos.
Uno de varios “muros de atascos y
contención” que tiene y que evita que haya mayor avance en los procesos
-afirman entendidos en la materia consultados por elCaribe- está ligado a
rigidez excesiva en la Ley de Compras y Contrataciones.
Distintos inversionistas tienen una visión
compartida respecto a que otro problema de la ley 47-20 es que depende de la
validación final de la entidad a la que pertenezca el proyecto. Citan a modo de
ejemplo que “depende del Ministerio de Obras Públicas, cuando el proyecto es de
carretera, y depende de Autoridad Portuaria si se trata de puertos o muelles”.
Lo mismo que del Ministerio de Hacienda,
“que debe validar la moderación financiera, con base en los recaudos que se
estimen, para que los inversionistas recuperen la inversión y sus beneficios”.
Más de un inversionista ha quedado “atrapado”,
luego de gastar dinero en la realización de estudios sobre una obra que se
requiere –sea esto porque se le pidió o se le autorizó a hacer esos estudios-,
porque desde el Gobierno se decide otra cosa, contrario a lo que inicialmente
se pretendía hacer.
Hay otro elemento que afecta: desde diversas instancias se dejan agotar tiempos máximos, en la medida que las respuestas que deben darse sobre un tema llegan tarde. Cuando esa respuesta u opinión llega, los plazos se han vencido y hay que volver a iniciar los procesos.

Para Cabo Rojo, en Pedernales, se
ha anunciado una inversión millonaria.
Los años pasan.- Desde 2020 se
vienen anunciando grandes proyectos en APP. Uno de ellos es el de desarrollo
turístico de Pedernales, para lo cual se constituyó un fideicomiso (Pro
Pedernales), la ampliación del puerto de Manzanillo, para el cual se aprobó un
préstamo por US$100 millones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que
incluye otras obras complementarias.
Existe el temor de que los cuatro años de
la gestión gubernamental se vayan, sin que se dé el “parto” de un proyecto que
la historia recuerde (de APP).
Otra obra de la que se ha hablado es la
Autovía del Ámbar que conectaría en 27 minutos a Santiago con Puerto Plata.
Las APP tienen, entre otros, dos
atractivos. El primero de ellos es una adecuada distribución de los riesgos
entre el sector público y los privados, y el segundo es la contabilidad de la
inversión pública fuera del balance fiscal.
Ninguno de estos dos atractivos aparece en
los proyectos “no-emblemáticos” de los que se habla para el caso dominicano,
donde no hay (casi) riesgo a distribuir ni montos de inversión relevantes. Por
tanto, no parece oportuno distraer esfuerzos en implementar como APP los
proyectos “no emblemáticos”.
Las dificultades de acceso al
financiamiento de proyectos de significativa relevancia económica han sido uno
de los problemas para el desarrollo de las APP en la región y podrían explicar,
al menos en parte, el poco éxito que han tenido por el momento en ese país, a
saber:
-Es un endeudamiento “garantizado” por los
pagos que hará al privado que resulte ganador a un Gobierno cuya deuda no tiene
grado inversor.
-La banca local no tiene necesariamente
capacidad de financiamiento de proyectos APP ni experiencia en la evaluación de
sus riesgos.
-Los fondos de pensiones no pueden
participar en el financiamiento de estos proyectos.
-En proyectos de infraestructura de
transporte, las empresas interesadas suelen provenir del sector local de la
construcción y tienen poca experiencia en el manejo financiero de largo plazo
de APP. La débil base de capitales de estas empresas, junto con su poca o
ninguna experiencia en el negocio de APP, es una dificultad. Todo lo anterior
es agravado por el aumento de las tasas de interés.
Es esencial que los proyectos de APP estén
muy bien preparados por el Gobierno, de tal manera que los financiadores
privados puedan evaluar y dar un precio a los principales riesgos, incluyendo
los de construcción y demanda.
De lo contrario, I) los proyectos podrían
no interesar; II) podría haber demoras en llegar al cierre financiero; III)
podrían resultar más caros y/o dar lugar a renegociaciones de los contratos.
Parece rarísimo que en República
Dominicana el proponente de un proyecto APP pueda ser un privado (y que lo
publiquen). Una de las características notorias de las APP en la región ha
sido, precisamente, las muy frecuentes renegociaciones de los contratos, que
siempre van en perjuicio del Gobierno, y resultan en mayores costos que los
inicialmente previstos.
Esto requiere que los inversores perciban
que, más allá del ciclo político, tendrán acceso al Gobierno de turno para
renegociar estos contratos (de muy largo plazo) y lograr que se acepten sus
demandas.
La ausencia de esta confianza puede conspirar contra la concreción de APP.
Los tiempos de concreción de las APP son,
por lo general, lentos.
Por ejemplo, en ocasiones se concede al privado que resulta ganador un año de plazo para estructurar el financiamiento del proyecto.

Desarrollar el turismo en
Pedernales es uno de los proyectos bandera del Gobierno.
Revisión al pasado, contexto.- Desde septiembre
de 2020, desde el Poder Ejecutivo se vendió la idea de que las APP permitirían
desarrollar los proyectos importantes de interés social que demanda el país
para mejorar la calidad de vida de los dominicanos.
Y como parte de eso, se informó que un mes
antes (agosto 2020) el Consejo de Alianzas Público-Privadas había aprobado
priorizar las inversiones en transporte terrestre, aéreo y marítimo, agua,
salud, educación, energía, agropecuaria, vivienda, turismo, comercio
internacional, movilidad urbana, telecomunicaciones, seguridad ciudadana y
defensa nacional.
Se abordó el tema durante la firma del
reglamento de la aplicación de la Ley 47-20, de Alianzas Público-Privadas,
donde se resaltó que la normativa permitirá al Gobierno responder de manera
proactiva, oportuna, flexible y legítima a las condiciones del mercado.
El compromiso era que tan pronto se
presentaran iniciativas privadas en los 13 sectores priorizados, el Gobierno a
través de la Dirección General de Alianzas Público-Privadas, procedería a su
análisis y evaluación para garantizar que contribuyan a la generación de
empleos de calidad, así como a mejorar la provisión de bienes y servicios
locales.
Fuente: Trabajo elaborado por el periodista Martín Polanco para el periódico El Caribe, medio desde donde Notiactualidad Global.com reproduce este reporte periodístico.

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