
Por
Charlie Núñez
Santo Domingo.- En reiteradas ocasiones he manifestado
que escribo cuando y lo que me sale del alma.
En días pasados, escribí un título que reza “cuando la muerte pisa mi huerto”, parafraseando el tema de Joan Manuel Serrat, ya había escrito el primer párrafo y me refería a una ocasión en que le informaba a Danilo Medina de la muerte de un compañero y me comentó, “ya nos está picando cerca”, de eso hace más de veinte años y ahora no nos pica cerca, nos está golpeando.
Reinaldo Pared, Adrianito Rodríguez,
Fernando Echavarría, Juan Emilio Rodríguez, entre muchos, fueron amigos a
destiempo que me laceraron mi ser.
Cómo ocultar el dolor por la muerte de
mi hermano Soterio, alguien con quien compartí proyectos políticos, emociones,
viajes y el destino, nos puso en una terapia similar y simultánea, lo que nos
mantenía en comunicación frecuente.
Soterio, era un ser humano noble,
humilde, trabajador y de buen corazón que nunca se sintió estrella, aunque
brillaba con intensidad.
Su partida debe servirnos de reflexión,
a Soterio, quien fue funcionario por más de dos décadas y partió de este mundo
sin dejar fortuna, lo recordaremos, no por poseer millones, sino por los buenos
momentos que nos brindó en el Virgilio Travieso Soto.
Lo recordaremos por su talento que paseó
por el mundo rompiendo fronteras, dando para su país lo mejor de sí.
Lo recordaremos no por atropellar a nadie,
sino por su nobleza y buen corazón.
No lo recordaremos por alto, sino por su
grandeza.
Los seres humanos sabemos cuándo
llegamos, nadie sabe cuándo nos vamos.
Vamos a ser grandes como Soterio para
que nos recuerden por nuestra grandeza.
Hasta siempre “Soti”.

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