Una reunión clave del Comité Central del PLD, programada para celebrrse en el Club San Carlos, entre silencios estratégicos, aspiraciones latentes y el pulso de un liderazgo que busca orden.
Por Vianelo Perdomo
Santo Domingo.- La reunión del Comité Central del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), convocada para este domingo 22 de febrero de 2026, no es un simple trámite organizativo ni una asamblea más del calendario partidario.
Es, en los hechos, un ejercicio de introspección política, una
cita con el pasado reciente y, sobre todo, una prueba de hasta dónde el partido
morado ha aprendido de sus derrotas y fracturas.
Lo que se decida, y lo que se evite, en este encuentro sabatino marcará
el tono del PLD rumbo a 2028. De lo que suceda este sábado en la reunión del CC
peledeísta podrán salir orden o dispersión, cohesión o silencios incómodos,
método o improvisación.
Aspirantes
visibles… y aspiraciones que se mueven en la sombra
Sobre la mesa del Comité Central gravita la formalización de un listado
de aspirantes presidenciales. Algunos nombres responden a una lógica
institucional, otros a cálculos estratégicos, y algunos, quizás los más
relevantes, como Abel Martínez y Gonzalo Castillo, operan desde la
ambigüedad.
El caso de Abel Martínez es, sin duda, el más revelador del momento que vive el PLD. Su solicitud expresa de no ser inscrito como aspirante, mientras reafirma que su proyecto presidencial “sigue vigente”, no es una contradicción: es un mensaje político cuidadosamente calculado.
Martínez parece decirle al partido, y al país, que no renuncia a su
liderazgo, pero que tampoco está dispuesto a legitimar procesos que considera
prematuros o jurídicamente frágiles. En términos políticos, se coloca fuera
del coro sin abandonar el escenario, apostando a diferenciarse como una
figura que privilegia la coherencia institucional sobre la urgencia interna.
El riesgo es claro: puede quedar momentáneamente aislado; la ganancia,
proyectarse como un liderazgo con discurso propio frente a una ciudadanía cada
vez más crítica de las prácticas partidarias tradicionales.
Gonzalo Castillo, el retorno sin voz
En el extremo opuesto está el caso de Gonzalo Castillo. Su posible
inscripción como aspirante presidencial, impulsada por un grupo interno
encabezado por el diputado Gustavo Sánchez, ocurre sin que el propio
Castillo haya dicho una sola palabra.
Este silencio no es menor. Puede interpretarse como prudencia, como
desinterés calculado o como una aceptación tácita de que su nombre vuelva a
circular sin exponerse públicamente.
En cualquier escenario, la eventual inscripción de Gonzalo Castillo
reabre debates que el PLD no ha terminado de cerrar: el peso del pasado
electoral, la lectura de la derrota de 2020 y 2024, y la dificultad de renovar
liderazgos sin reciclar figuras.
Si el Comité Central valida la inscripción de Gonzalo Castillo, enviará
una señal clara: en el PLD aún conviven la nostalgia del poder y la urgencia
de reencontrarse con las mayorías.
Danilo Medina y Johnny Pujols: el binomio del control político
En este último tramo, el trabajo del presidente del partido, Danilo
Medina, y del secretario general, Johnny Pujols, ha sido
determinante.
Medina, con su estilo ya conocido, ha optado por el control
silencioso: dejar que las corrientes se expresen, pero sin permitir que el
debate derive en ruptura. Su objetivo parece claro: preservar la unidad
orgánica del PLD, aun cuando esa unidad sea, por ahora, más administrativa
que emocional.
Johnny Pujols, por su parte, ha asumido el rol más operativo y político.
Ha trabajado para ordenar el proceso, garantizar que las decisiones
pasen por los organismos correspondientes y proyectar una imagen de institucionalidad
en un partido que viene de años de turbulencias. Su gestión apunta a algo
esencial: que el PLD vuelva a parecer un partido, no una suma de proyectos
personales.
Ambos liderazgos convergen en un mismo punto: evitar que la carrera
presidencial se convierta en una lucha sin reglas. Sin embargo, el desafío
es enorme, porque el PLD no solo necesita orden; necesita ilusión, relato y
credibilidad externa.
¿Qué se
espera realmente de esta reunión del CC-PLD?
Más que definiciones concluyentes, de esta reunión se espera: una
foto de cohesión, aunque sea frágil; la contención de conflictos,
más que su resolución definitiva; la validación de un método, aunque el
consenso pleno aún no exista y un mensaje hacia fuera de que el PLD
sigue siendo una fuerza organizada y con capacidad de gobernarse a sí misma.
Si el Comité Central logra salir sin fisuras públicas de su reunión de
este sábado 22 de febrero de 2026, Danilo Medina y Johnny Pujols podrán
anotarse un punto importante. Pero si los silencios, las ausencias y las
ambigüedades pesan más que los acuerdos, el partido morado habrá perdido una
oportunidad clave para demostrar que aprendió de su propia historia reciente.
En el
fondo, la consideración es una sola
La reunión de este domingo no definirá al candidato presidencial del
PLD. Definirá algo más profundo: si el partido está en condiciones de
reinventarse o si seguirá administrando sus tensiones mientras el tiempo
político avanza.
El Comité Central será, por unas horas, el espejo donde el PLD se
mire sin maquillaje. Y no siempre es cómodo verse tal como uno es.





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