Por Vianelo Perdomo
Redacción de Deportes.- Hay temporadas que trascienden el calendario. Años que no se cuentan por meses, sino por batazos. En 1998, el béisbol de las Grandes Ligas vivió uno de esos momentos irrepetibles cuando Sammy Sosa y Mark McGwire convirtieron la persecución de un récord en un fenómeno cultural que traspasó fronteras.
Hoy, casi tres décadas después, otra rivalidad podría estar gestándose con aroma a historia. El japonés Shohei Ohtani y el dominicano Juan Soto asoman como los protagonistas de una posible batalla ofensiva en 2026 que, de concretarse, tendría todos los ingredientes para capturar nuevamente la imaginación del mundo del béisbol.
1998: El verano que devolvió la fe
La temporada de 1998 fue mucho más que una competencia de jonrones. Fue un rescate emocional. Luego de la huelga de 1994 que canceló la Serie Mundial y golpeó severamente la credibilidad del deporte, las Grandes Ligas necesitaban un relato que reconciliara al público con el diamante. Y lo encontraron.
McGwire, con los St. Louis Cardinals, y Sosa, con los Chicago Cubs, iniciaron una persecución feroz del récord de 61 cuadrangulares impuesto en 1961 por Roger Maris. Cada noche era un conteo. Cada turno al bate, una expectativa nacional.
McGwire terminó con 70 vuelacercas; Sosa con 66. Ambos superaron la marca histórica y, más importante aún, elevaron los niveles de audiencia, llenaron estadios y devolvieron al béisbol al centro de la conversación deportiva en Estados Unidos y América Latina. La imagen de ambos abrazándose tras romper el récord quedó grabada como símbolo de una competencia feroz, pero respetuosa.
Aunque años después la era de los esteroides empañaría parte de ese capítulo, el impacto emocional y mediático de 1998 permanece intacto. Se les llamó “el dúo que hizo renacer el fanatismo en el béisbol”.
2026: ¿Un nuevo duelo global?
El contexto actual es distinto. El béisbol ya no compite solo con otros deportes tradicionales, sino con un universo digital de entretenimiento instantáneo. Sin embargo, el poder de las grandes narrativas sigue siendo el mismo. Ahí es donde emergen Ohtani y Soto.
Ohtani, figura de los Los Angeles Dodgers, no es un jugador convencional. Es un fenómeno de dos vías: lanza y batea con élite histórica. En los últimos cinco años ha conquistado cuatro premios de Jugador Más Valioso, redefiniendo los estándares modernos del rendimiento integral.
Su más reciente exhibición en el Vantelin Dome Nagoya, en Japón, durante una práctica abierta antes del Clásico Mundial de Béisbol 2026, fue una muestra de su magnetismo. No suele realizar sesiones públicas de bateo, pero en esta ocasión llenó el estadio. Conectó múltiples batazos que cruzaron la pared, mientras compañeros y fanáticos observaban como si se tratara de un Juego de Estrellas.
Japón, vigente campeón del Clásico, deposita nuevamente en él la esperanza de liderar otra gesta internacional.
Del otro lado está Juan Soto, el dominicano que ha hecho del control de la zona de strike una ciencia. En 2025 logró marca personal de 43 jonrones, lideró MLB con 127 boletos y fue colíder en bases robadas de la Liga Nacional con 38. Terminó tercero en la votación al MVP, reafirmando su consistencia como uno de los bates más completos del juego.
Ahora, vistiendo el uniforme de los New York Mets, Soto no esconde su ambición.
“(Ohtani) es realmente muy bueno. Definitivamente no será fácil, pero tengo que encontrar la manera de vencerlo”, declaró con franqueza. Y añadió con tono desafiante: “Más le vale que siga con lo que está haciendo, porque yo voy a ir tras él”.
Más que jonrones: carisma y narrativa
La comparación con Sosa y McGwire no es simplemente estadística. Es simbólica.
En 1998 el béisbol necesitaba héroes. En 2026 necesita historias globales. Y Ohtani-Soto representa mucho más que una carrera por cuadrangulares: Japón vs. República Dominicana, jugador de dos vías vs. bateador puro de disciplina quirúrgica, Costa Oeste vs. Costa Este y silencio metódico vs. sonrisa desafiante.
Ambos son jóvenes en plenitud atlética. Ambos juegan en mercados gigantes. Ambos tienen alcance internacional. Y ambos generan conversación incluso fuera del terreno.
¿Puede repetirse la magia?
Para que se repita un fenómeno como el de 1998 se necesitan varios factores:
Producción extraordinaria: una carrera real hacia los 60 o más jonrones.
Salud sostenida durante 162 juegos.
Cobertura mediática constante.
Un contexto emocional que conecte con el público.
La diferencia es que el béisbol actual está bajo mayor escrutinio científico y estadístico. No hay espacio para dudas sobre legitimidad. Una competencia limpia entre Ohtani y Soto tendría un valor simbólico aún mayor en la era post-esteroides.
Además, el componente internacional añade un atractivo adicional: la rivalidad no sería solo entre dos jugadores, sino entre dos potencias beisboleras.
El Clásico Mundial de Béisbol como antesala
La escena de Ohtani en Nagoya y las declaraciones de Soto en Port St. Lucie funcionan como prólogo. El Clásico Mundial 2026 podría intensificar el interés y elevar la temperatura mediática antes de que inicie la temporada regular.
Si ambos llegan encendidos al torneo y mantienen ese ritmo en Grandes Ligas, el espectáculo podría escalar rápidamente.
El peso de la historia
Sosa y McGwire no sabían que estaban escribiendo un capítulo inmortal cuando comenzó 1998. Simplemente compitieron. El público hizo el resto.
Hoy, Ohtani y Soto tampoco necesitan forzar la comparación. Pero si el japonés vuelve a acercarse a cifras astronómicas mientras Soto responde con poder, disciplina y consistencia, el béisbol podría volver a vivir un verano de conteo diario, debates en redes sociales y estadios llenos por la simple expectativa de un swing.
¿Será 2026 el año de una nueva persecución histórica?... En este 2026, la pelota aún no ha sido lanzada oficialmente. Pero el desafío ya está sobre la mesa. Y cuando dos talentos generacionales se miran de frente, como fue en 1998 y como es ahora en el 2026, el béisbol siempre gana.



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