Pepín Corripio: un reconocimiento que marca época

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Pepín Corripio: un reconocimiento que marca época

El Premio al Mérito Laboral honra a quienes construyeron desarrollo en tiempos inciertos

Santo Domingo.- La primera edición del Premio Anual al Mérito Laboral convirtió el Día Internacional de los Trabajadores en un acto de memoria y gratitud. En el salón, bajo la solemnidad de los momentos destinados a trascender, se reunieron el presidente Luis Abinader, la vicepresidenta Raquel Peña y el ministro de Trabajo Eddy Olivares Ortega, junto a líderes sindicales, empresariales y gubernamentales.

Ocho medallas para distintas trayectorias

La ceremonia distinguió a figuras cuyo esfuerzo refleja disciplina y persistencia:

  • José Luis Corripio (Pepín) y William Radhamés Tejada Alcántara recibieron el Gran Galardón al Trabajador Meritorio.

  • Domínica Cabral de Rijo fue reconocida por Excelencia en el Trabajo.

  • Victoria García Ravelo, por Innovación.

  • Manolo “Pupilo” Ramírez, por Liderazgo y Armonía Laboral.

Entre los asistentes figuraban nombres clave de la vida pública: Ricardo de los Santos, Eduardo Sanz Lovatón, Milagros Ortiz Bosch, Laura Peña Izquierdo, Jacobo Ramos y el alcalde Dio Astacio.

Pepín Corripio, símbolo de una generación

El reconocimiento a Pepín Corripio trascendió lo empresarial. Su trayectoria resume la historia de una generación que levantó empresas en medio de la incertidumbre, tras la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo y los vaivenes políticos de los años 60.

Corripio no heredó estructuras consolidadas: construyó sobre un país en transición, donde cada día era una apuesta. Mientras el poder político buscaba estabilidad bajo figuras como Joaquín Balaguer, él y otros empresarios tejían la arquitectura económica que sostuvo mercados, industrias y periódicos.

Un premio que es memoria

Este galardón no solo celebra un triunfo personal: funciona como un gesto histórico. Reconoce a quienes demostraron que el desarrollo no se decreta, sino que se fabrica con disciplina y paciencia.

La ceremonia dejó una pregunta abierta: ¿quiénes serán capaces de leer el tiempo actual con la misma intuición con que aquella generación interpretó el suyo?

La respuesta aún no existe, pero quedó claro que la estabilidad dominicana fue una construcción lenta y colectiva, y que el legado de Pepín Corripio ya forma parte del destino compartido del país.

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