
NUEVA
YORK.-
El bodeguero y ex pelotero profesional dominicano Cándido Arcángel, dueño de
una bodega en el vecindario Borough Park en Brooklyn, mantiene un refugio para
desamparados en el sótano del negocio desde hace 14 años, donde acoge
indigentes sin hogar, entre ellos ex convictos y con problemas mentales que
transitan las calles, parques, cuevas y que han estado viviendo en recovecos de
estaciones de trenes y debajo de puentes.
La labor de Arcángel, quien jugó béisbol
profesional en Venezuela, con aspiraciones a Grandes Ligas, antes de que una
lesión de hombro, lo que lo obligó a emigrar a Estados Unidos, es destacada en
un amplio reportaje publicado por el NY Times este miércoles.
El refugio improvisado, también responde
a la reciente estadística de la ciudad publicada en octubre de 2017, con la
cifra de 62 mil desamparados en las calles de Nueva York.
El espacio, que no cuenta con camas y
sillas, se rodea de mercancías que guarda la bodega como rollos de papel
higiénico, alimentos enlatados y cajas, entre las estanterías. Los refugiados
en su mayoría, tienen que dormir en el piso de cemento.
Hay desamparados hasta con problemas
mentales y largos tiempo con vicios de drogas y alcohol, pero para el
comerciante dominicano, lo que importa es la caridad.
Decenas de ellas se han refugiado allí,
viviendo, comiendo y durmiendo y aunque muchos son ex convictos con pasados
violentos y condenados por crímenes y sin familias, Arcángel los acoge como si
fueran sus propios parientes.
Le dijo al NY Times que no soporta la
idea de que alguien pueda estar pernoctando en las calles, bajo el intenso frío
de los brutales inviernos de Nueva York.
Un sótano húmedo e inacabado y fétido,
parecido a una cueva, donde los hombres duermen en paletas en medio de charcos
de agua negra y en el piso de cemento.
Pero hay una calidez real, dicen los
hombres. Desde detrás del mostrador, Cándido los recibe con amabilidad y
compasión.
La bodega está dividida en zonas para uso
comercial, y el sótano no cuenta con el certificado de ocupación requerido para
permitir que las personas vivan allí.
El bodeguero dijo que no ha llenado las
aplicaciones necesarias en el Departamento de Edificios para convertirlo en
espacio habitable, lo que requeriría una inspección para determinar si es
seguro para el habitarse.
Pero la falta de permisos no ha
disuadido al bodeguero, quien dice que su decisión para abrir el sótano a las
personas sin hogar es simple, porque no tienen casa. “Y lo hago”, dijo.
Arcángel no es la primera persona que
alberga a desamparados de la ciudad en un espacio informal.
En Chicago la semana pasada, un hombre
aceptó dejar que personas sin hogar permanecieran en su sótano durante las
noches frías, en Brooklyn, una mujer que había estado albergando a las personas
sin hogar en su casa durante décadas, se convirtió en la inspiración para una
obra de teatro, titulada “Reina de Chesed”, que fue estrenada en Broadway el
año pasado.
Debido a que el refugio improvisado del
bodeguero dominicano, probablemente podría ser clasificado como ilegal, por lo
que él solicitó que no se revele la ubicación exacta ni el nombre de la bodega.
Entre seis y una docena de personas viven en el sótano en cualquier momento
dado, dijo.
Él también tiene sus reglas.- Los hombres deben estar en la noche
antes de que la bodega cierre a las 10:00 después de eso, pueden irse, pero no
pueden regresar hasta que vuelva a abrirla a las 8 de la mañana.
No cobra y
paga por la electricidad que usan los desamparados que según él, le cuesta unos
de $400 dólares por mes. El sótano tiene luces, comida caliente y un televisor
de pantalla grande que alguien encontró en la esquina de una calle y lo llevó
al refugio.
También hay incomodidades.- En una tarde reciente, tres desamparados
dormían en penumbra con olor agrio. Un hombre estaba acostado sobre 22 cajas de
leche de plástico cuidadosamente apiladas, y arropado con una colcha azul hasta
los hombros.
Alambres y tuberías son visibles en el
techo. En una esquina, una manguera negra goteaba incesantemente en un agujero
en el suelo y es una ducha improvisada.
El gato de la bodega tenía una camada
entre el cartón mojado, las colillas de cigarrillos y los trapos.
Un gatito atigrado se abalanzó al lado
de la cama del cajón de leche, persiguiendo algo que se escurrió por la tierra
y que era una rata de gran tamaño.
El bodeguero dominicano reconoce las
limitaciones del refugio que proporciona, en toda su crudeza, no se imagina y
evitará que alguien se sienta demasiado cómodo.
Dijo que aspira a mantener una estación
de paso para los hombres que no obtienen tales cosas, pero teme que su refugio
se convierta en una muleta.
“Siempre les digo esto: caballeros,
aquí, no hay escapatoria, despega como una paloma, volando. Aprenderás a volar
por tu cuenta. Cuando yo muera, ¿a dónde irás?’, relató el bodeguero.
Llegó a Estados Unidos en 1989. Fue su
primera experiencia cuando jugaba en equipos, donde niños de familias de la
clase trabajadora como él jugaban junto a niños de la calle, a los que les
mostró cómo proporcionar alguna estructura, incluso en forma de uniformes,
bates y guantes, y eso transformó las vidas de sus compañeros de equipo.
“Estos jóvenes que se perdieron, deben
encontrarlos y traerlos, para que puedan amar a Dios”, dijo. “Esta no es una
misión personal, es una misión para el bien de la sociedad”.
Una vez en Nueva York, encontró trabajo
en la bodega que ahora posee, almacenando estantes y colocando huevos en los
sándwiches del desayuno durante 14 años antes de comprarle el negocio a su jefe
hace más de doce años.
Antes de comprar la bodega, Arcángel
dijo que le preguntaría al dueño si los hombres indigentes que se detenían para
pedir monedas, café y magdalenas, podían descansar en el negocio con aire
acondicionado en el verano, o entrar en calor cuando estaba frío.
“Siempre me respondía que no y que si yo
estaba loco”, recordó con una sonrisa. El mes que compró la bodega, invitó al
primer desamparado.
William Arroyo, de 57 años de edad y
condenado por un asesinato, que vive en el sótano de la bodega desde hace cinco
años, dijo que “somos lobos. Somos hombres que no podemos ser domesticados,
esta es la guarida del lobo”.

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