Poder absoluto, respaldo internacional y un margen de acción que se agota
Un mandato sin concesiones
Fils-Aimé asumió el cargo el 8 de febrero, tras la salida del Consejo Presidencial Transitorio. A diferencia de sus predecesores, llega con una “hoja en blanco” y un mandato claro: estabilizar el país y organizar comicios en un entorno pacificado. Sin embargo, los analistas advierten que no existe período de gracia: cada decisión será una prueba inmediata de su liderazgo.
El dilema del gabinete
El nuevo jefe de Gobierno hereda un Consejo de Ministros marcado por cuotas políticas y resultados pobres. Entre los fracasos más notorios figuran proyectos de infraestructura paralizados, la pérdida de beneficios energéticos de Péligre, una diplomacia estancada y acusaciones de corrupción en Defensa. La administración central apenas logra ejecutar el 35 % de la inversión pública anual, un lastre que limita cualquier plan de recuperación.
Finanzas al borde
El presupuesto nacional refleja la fragilidad del Estado:
112,800 millones de gourdes destinados a salarios públicos.
65,900 millones de gourdes a bienes y servicios administrativos.
Un total de 345,000 millones de gourdes que asfixian las finanzas.
Expertos insisten en que Haití necesita asistencia internacional para sanear la gestión fiscal y orientar los recursos hacia las necesidades urgentes de la población.
Decretos y legitimidad
Otro desafío será la revisión de los decretos heredados del CPT, entre ellos el proyecto constitucional fallido y la polémica normativa sobre el Tribunal Superior de Justicia, cuestionada por organizaciones civiles que denuncian impunidad y protección a exfuncionarios corruptos.
La amenaza de las pandillas
Mientras tanto, el avance de brigadas de autodefensa —algunas presuntamente armadas con recursos oficiales— amenaza con convertirse en nuevas pandillas. Sin una fuerza internacional robusta, el Estado carece de capacidad real para enfrentar la violencia armada, lo que convierte este frente en una bomba de tiempo.
Todo en juego
Fils-Aimé tiene poder, respaldo y control institucional. La incógnita es si asumirá el costo político de una reforma profunda o si Haití volverá a repetir el ciclo de transiciones fallidas que lo han llevado al borde del colapso.


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