Monorriel de Santo Domingo: un contrato bajo lupa

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Monorriel de Santo Domingo: un contrato bajo lupa


La adjudicación técnica que marcará el futuro del transporte urbano

La decisión sobre el contrato de ingeniería y obra del Monorriel de Santo Domingo, anunciada este miércoles 25 de marzo de 2026, no es un trámite administrativo cualquiera. Se trata de un punto de inflexión que definirá el sistema de movilidad de la capital durante las próximas décadas. El valor del proyecto no reside únicamente en lo que se construye, sino en cómo se decide.

Mientras el presidente Luis Abinader desarrolla en Francia una agenda internacional centrada en inversión y transparencia junto a Emmanuel Macron y la OCDE, en el ámbito interno se adopta una de las decisiones más sensibles en materia de infraestructura pública. Esa coincidencia eleva el estándar con el que debe analizarse el proceso.

1. Un proceso cuestionado desde su origen

El contrato ha sido impugnado ante la Dirección General de Contrataciones Públicas y notificado a la Dirección de Ética e Integridad Gubernamental. Las críticas abarcan desde la planificación inicial —con estudios poco trazables y presupuestos débiles— hasta la falta de claridad en el modelo de contratación. La fragmentación en paquetes y la ausencia de documentación sólida sobre conflictos de interés refuerzan las dudas sobre la transparencia.

2. La evaluación técnica: decisiva pero poco diferenciadora

El pliego otorga un 80% del peso a la oferta técnica, frente a un 20% a la económica. Sin embargo, los resultados muestran puntuaciones muy similares entre los dos consorcios participantes. La evaluación, en lugar de discriminar la calidad real de las propuestas, parece limitarse a validar que ambas cumplen. Como señala el análisis: “El problema no es que las ofertas sean buenas. El problema es que el sistema no permite distinguir con claridad cuál es mejor.”

3. Experiencia en entredicho

La experiencia de los oferentes tampoco introduce diferencias sustanciales. El consorcio Estrella–Sofratesa se apoya en el proyecto de Santiago, aún sin operación, mientras que el competidor presenta antecedentes internacionales poco consolidados. La falta de criterios más exigentes diluye la función comparativa de la evaluación.

4. Competencia formal más que real

Con solo dos oferentes y resultados técnicos casi idénticos, la competencia parece más formal que efectiva. Sin diferenciación técnica ni presión competitiva, la adjudicación se convierte en un resultado difícil de contrastar desde el punto de vista técnico.

5. Decisiones irreversibles

El contrato actual define parámetros estructurales que condicionarán la segunda fase del proyecto —el sistema electromecánico y el material rodante—. Este “encapsulamiento tecnológico” puede reducir la competencia futura y elevar los costos de operación y mantenimiento durante décadas, generando riesgos fiscales y posibles subsidios públicos.

6. Entre discurso internacional y realidad interna

El contraste es evidente: mientras se proyecta hacia el exterior un compromiso con la transparencia y la buena gobernanza, la licitación interna revela debilidades en planificación, coherencia y evaluación. La credibilidad institucional se mide en la calidad de estos procesos, no solo en los foros internacionales.

La adjudicación del Monorriel no solo selecciona un contratista: define el modelo de movilidad de Santo Domingo para los próximos 30 a 50 años. En un procedimiento donde la técnica debía ser el elemento más sólido, la falta de diferenciación convierte la decisión en un riesgo estructural para el futuro del sistema y las finanzas públicas.

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