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Expectativas por el sexto discurso de rendición de cuentas del presidente Abinader; responderá a la oposición


Entre balances económicos, presión social y tablero sucesoral, el presidente llega al 27 de Febrero con altas expectativas y un escenario político en ebullición. En la foto, el presidente Luis Abinader durante la Asamblea Nacional el 27 de febrero de 2025.

Por Vianelo Perdomo

Santo Domingo. Las horas previas al 27 de Febrero siempre tienen algo de liturgia republicana. Pero este 2026 el ambiente es distinto. El presidente Luis Abinader se dispone a presentar ante el Congreso Nacional (Senado y Cámara de Diputados) su sexta rendición de cuentas desde que asumió el poder en 2020 y la segunda de su actual mandato tras la reelección de 2024.

Lo hará en cumplimiento del artículo 128, numeral 2, literal f de la Constitución de la República Dominicana, que ordena al jefe del Estado presentar las memorias de los ministerios cada 27 de febrero, coincidiendo con la conmemoración de la Independencia Nacional.

Pero más allá del mandato constitucional, el discurso de este viernes, a las 10:00 de la mañana, en el Salón de la Asamblea Nacional, se proyecta como un momento de evaluación política profunda: no solo del desempeño económico y social de 2025, sino del modelo de gobernanza que ha caracterizado su administración.

Continuidad del Estado: ¿ruptura o madurez institucional?

Uno de los ejes más comentados por analistas es el concepto de “continuidad del Estado”. En un país históricamente marcado por alternancias con rupturas abruptas, la gestión de Abinader ha mostrado un patrón diferente: más continuidad estructural que desmontaje ideológico.

Infraestructura y transporte: consolidación sin desmantelamiento

El sistema de transporte masivo iniciado durante la administración de Leonel Fernández (con el Metro como columna vertebral) no solo ha sido preservado, sino ampliado. Durante la actual gestión se impulsaron extensiones del Metro de Santo Domingo (incluida la Línea 2C y la incorporación de nuevos vagones en las líneas anteriores), expansión del Teleférico (Líneas 2 y 3) y fortalecimiento del Sistema Integrado de Transporte y corredores de autobuses.

El mensaje es claro: la movilidad urbana se ha asumido como política de Estado, no como proyecto partidario.

En paralelo, el Gobierno ha resaltado avances en corredores viales y conectividad territorial:

Circunvalación de Baní.

Continuación y terminación de la Circunvalación de Santo Domingo (desde la Carretera Sánchez hasta la Autopista Las Américas).

Carretera Bayaguana–El Puerto (Monte Plata), reduciendo el histórico aislamiento agrícola.

Autopista Villa Riva–Autopista del Nordeste (Duarte), con impacto en más de 50,000 personas.

Estas obras forman parte de una narrativa de integración regional que el mandatario probablemente subrayará como eje de desarrollo productivo.

Agua, saneamiento y servicios básicos

En materia de agua potable y saneamiento, el Ejecutivo ha destacado la expansión del acueducto Barrera de Salinidad, con capacidad para impactar a cerca de dos millones de habitantes de Santo Domingo Este y Norte.

Asimismo, durante 2025 se han inaugurado o avanzado proyectos como:

Planta de tratamiento y obras viales en Hainamosa.

Ampliación del acueducto de Maimón (Monseñor Nouel).

Reconstrucción de carreteras estratégicas en Punta Cana.

Rehabilitación de calles y obras eléctricas en San Francisco de Macorís.

El énfasis territorial más allá del Gran Santo Domingo, busca proyectar una gestión con presencia nacional.

Salud y educación: continuidad con ajustes

Muchos hospitales iniciados en la administración de Danilo Medina fueron concluidos o readecuados bajo los mandatos de Luis Abinader. No hubo paralización masiva del programa hospitalario, sino revisión contractual y reprogramación.

En educación, tampoco se desmontó el modelo de tandas extendidas impulsado en la era Medina. El enfoque se desplazó hacia calidad, recuperación postpandemia y evaluación de desempeño, pero sin ruptura estructural.

Energía: continuidad con reorientación

En el ámbito energético, la central termoeléctrica Punta Catalina —iniciada en el período anterior— fue asumida como activo estratégico, mientras la política pública giró hacia energías renovables y alianzas público-privadas.

La continuidad, sin embargo, no ha sido automática. El Gobierno ha marcado distancia en tres áreas:

Auditorías y revisión de contratos heredados.

Cambios en esquemas de financiamiento con mayor énfasis en transparencia y multilaterales.

Reestructuración institucional en áreas bajo sospecha de corrupción.

La narrativa oficial habla de “corrección sin paralización”.

Balance político de la continuidad

Para sectores institucionalistas, esta línea de acción envía señales de estabilidad democrática. Para la oposición, en cambio, existe una doble lectura: se reconoce que muchas obras provienen de gestiones anteriores, pero se cuestiona la capitalización política de proyectos heredados.

En términos comparativos, la gestión de Abinader exhibe más continuidad que ruptura frente a administraciones previas como las de Hipólito Mejía, Fernández o Medina.

El presidente Luis Abinader, acompañado de la vicepresidenta Raquel Peña y la primera dama Raquel Arbaje, el 27 de febrero de 2025, al asistir al tedeum en la Catedral Primada de América, con motivo a la celebración del 181 aniversario de la Independencia Nacional.

Lo que se espera del discurso

Analistas anticipan que el presidente estructurará su intervención bajo el esquema “logros versus desafíos”.

Ejes probables:

Indicadores económicos: crecimiento, empleo, inversión y estabilidad fiscal.

Turismo y exportaciones, con cifras récord proyectadas.

Seguridad social y desempeño de instituciones como el SENASA.

Infraestructura y desarrollo regional.

En discursos anteriores, Abinader ha combinado balances macroeconómicos con narrativa de estabilidad y proyección futura.

Expectativas ciudadanas y temas sensibles

Más allá de los números, la población espera respuestas concretas:

Costo de la vida y poder adquisitivo.

Apagones y calidad de servicios básicos.

Salud pública.

Casos de alto impacto social y controversias sobre corrupción.

El discurso será seguido no solo como acto institucional, sino como examen público de sensibilidad social.

Presión de la oposición

Los partidos de la Liberación Dominicana, Fuerza del Pueblo y otras organizaciones opositoras exigen explicaciones verificables sobre desempeño económico, empleo juvenil, seguridad y políticas sociales. También reclaman planes estructurales frente a la percepción de desaceleración.

El contexto es claro: el país ya comienza a mirar hacia 2028.

El tablero interno del PRM: la sucesión abierta

La imposibilidad constitucional de una nueva repostulación consecutiva ha abierto el compás sucesoral dentro del oficialista Partido Revolucionario Moderno.

En el debate público aparecen nombres como: Carolina Mejía, David Collado, Guido Gómez Mazara, Wellington Arnaud, Eduardo Sanz Lovatón, Tony Peña Guaba y otros que dentro de los plazos legales pudieran surgirl

La decisión de Abinader de no bloquear aspiraciones ha sido interpretada como señal de madurez institucional en un país de tradición hiperpresidencialista. Fortalece la competencia interna y evita el “dedazo”, aunque también implica riesgos de fragmentación anticipada.

Hasta ahora, el mandatario ha mantenido equilibrio: no ha proclamado heredero ni ha reprimido aspiraciones.

Un discurso con múltiples audiencias

El presidente hablará simultáneamente ante el Congreso Nacional, los mercados y actores económicos, la oposición, la base perremeísta y una ciudadanía más preocupada por precios y empleo que por la sucesión política. Su reto será armonizar balance técnico con narrativa emocional.

Conclusión: examen de legado y cultura política

Si se evalúa exclusivamente desde la óptica de continuidad del Estado, la administración de Luis Abinader puede calificarse como moderadamente continuista, con ajustes técnicos y discursivos.

No ha gobernado bajo la lógica de “borrón y cuenta nueva”, sino bajo un esquema de culminar, auditar, reorientar y luego imprimir sello propio.

El desafío hacia 2026–2028 será mayor: consolidar esa continuidad como cultura política permanente. Si logra mantener estabilidad institucional, cohesión partidaria y resultados económicos en un contexto de creciente competencia electoral, su legado podría trascender lo administrativo para situarse en el plano institucional.

Este 27 de febrero no será solo una rendición de cuentas. Será, en muchos sentidos, una rendición ante la historia reciente de la democracia dominicana.

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