Madrid/Murcia, España.- La política española atraviesa uno de esos momentos en que las disputas simbólicas y las pugnas internas se entrecruzan, amplificando la sensación de inestabilidad en el tablero partidista.
Este viernes 27 de febrero de 2026, el Gobierno cargó con dureza contra el principal partido de la oposición por lo que considera una “no polémica” en torno al eventual regreso del rey emérito Juan Carlos I, mientras en la Región de Murcia el presidente provincial de Vox, José Ángel Antelo, rechazaba dimitir en medio de una crisis interna que sacude a la formación ultraconservadora.
El Gobierno acusa al PP de “inventar” una controversia
La vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, fue tajante al referirse a las declaraciones del líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, quien expresó públicamente su deseo de que el rey emérito regrese a España tras varios años residiendo en Abu Dabi.
“Esta es la no polémica”, subrayó Montero en una entrevista radial, asegurando que no existe impedimento alguno para que el padre del rey Felipe VI vuelva al país cuando así lo decida. A su juicio, el PP ha incurrido en “un despropósito absoluto” al involucrar a la Casa Real en una controversia inexistente.
La vicepresidenta cuestionó además el alcance de la comunicación que Feijóo aseguró haber mantenido con la Casa Real antes de publicar su mensaje en redes sociales: “¿Qué quiere decir? ¿Que le dieron el visto bueno? ¿Que no se lo dieron?”, se preguntó, insinuando que el líder popular intenta proyectar una legitimidad institucional que no ha sido confirmada.
Desde el Ejecutivo se interpreta la ofensiva del PP como una maniobra política para desviar la atención de otros debates, entre ellos la desclasificación de documentos relacionados con el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 (23F), un episodio histórico que sigue marcando la memoria democrática española.
En la misma línea, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, expresó sorpresa ante el posicionamiento del PP y sugirió que podría tratarse de una “cortina de humo” en un contexto donde, según dijo, el partido opositor se aproxima cada vez más a la extrema derecha.
El trasfondo: monarquía, memoria y cálculo político
El eventual regreso de Juan Carlos I, figura central de la transición española pero también protagonista de controversias judiciales y éticas en los últimos años, sigue siendo un tema delicado. Aunque no pesa sobre él una condena judicial en España, su salida en 2020 hacia Emiratos Árabes Unidos estuvo marcada por investigaciones sobre presuntas irregularidades financieras.
Para el Gobierno de coalición, cualquier debate que involucre a la Corona debe manejarse con prudencia institucional. Para el PP, en cambio, reivindicar la figura del monarca emérito puede interpretarse como un gesto hacia su electorado más tradicional, en un momento de fuerte competencia política con Vox.
El portavoz de Vox
en el parlamento murciano José Ángel Antelo.
Mientras el Ejecutivo y el PP cruzaban acusaciones en Madrid, en Murcia se desarrollaba otro foco de tensión. José Ángel Antelo, presidente de Vox en la Región, rechazó dimitir pese a la renuncia en bloque del Comité Ejecutivo Provincial, que alegó un “profundo desacuerdo” con su gestión.
Antelo confirmó haber conversado con el líder nacional de Vox, Santiago Abascal, quien le planteó la posibilidad de encabezar una candidatura. Sin embargo, el dirigente murciano aseguró que en ningún momento entendió que ello implicara su salida como presidente provincial.
“Si he cometido algún error, que se diga”, afirmó en entrevista radial, defendiendo su gestión y el crecimiento orgánico del partido en la región. Marcó además una diferencia entre “lealtad” y “sumisión”, dejando claro que no está dispuesto a aceptar decisiones sin cuestionarlas.
El conflicto pone en evidencia tensiones internas en Vox sobre el control territorial y la disciplina partidaria, en un momento en que la formación busca consolidarse como fuerza determinante en gobiernos autonómicos y municipales.
Un tablero en reconfiguración
Las dos controversias —la supuesta polémica sobre el rey emérito y la rebelión interna en Vox Murcia— revelan un escenario político fragmentado y altamente competitivo en España. El Gobierno acusa al PP de abrir frentes artificiales para reposicionarse frente a Vox; Vox, por su parte, enfrenta tensiones internas sobre liderazgo y estrategia.
Con el horizonte electoral siempre presente, la política española vuelve a demostrar que los símbolos institucionales y las disputas orgánicas pueden convertirse en armas de alto calibre en la lucha por el poder. En este clima, la estabilidad institucional, la imagen de la monarquía y la cohesión de los partidos se convierten en piezas clave de un ajedrez que no da tregua.



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