La firma de sondeos, que inició estas mediciones durante la presidencia de Franklin D. Roosevelt, explicó que la decisión responde a un cambio en su estrategia corporativa, orientada ahora a profundizar en encuestas sobre problemas públicos, políticas y temas sociales de mayor impacto.
“Estamos concentrados en proporcionar análisis que informen e impulsen cambios significativos”, afirmó Justin McCarthy, portavoz de Gallup, al justificar el giro que pone fin a una de las series estadísticas más largas y citadas de la historia política contemporánea.
No obstante, la empresa mantendrá la realización del Gallup World Poll, su encuesta global anual que mide actitudes y percepciones públicas en alrededor de 140 países, consolidando su presencia en el análisis internacional de la opinión pública.
Un precedente y un mercado saturado
La medida recuerda la decisión adoptada por Gallup en 2015, cuando interrumpió las llamadas “encuestas de carrera de caballos”, que evaluaban qué candidatos lideraban las contiendas presidenciales antes de las elecciones. En aquel momento, Frank Newport, entonces editor jefe de la organización, explicó que se trataba de reasignar recursos para preservar el papel de Gallup en “mantener la voz del pueblo infundida en el proceso democrático”.
El anuncio se produce en un contexto en el que el mercado de encuestas se ha visto saturado por múltiples firmas y metodologías. Solo en enero de 2025, el índice de aprobación presidencial del New York Times incorporó datos de más de 50 encuestas distintas, lo que ha diluido el protagonismo de una sola medición.
Un legado difícil de reemplazar
Pese a este escenario, los índices de aprobación de Gallup han sido considerados únicos por analistas políticos y medios de comunicación. Sus 88 años de datos continuos ofrecían un contexto histórico invaluable, permitiendo comparar tendencias y cambios en la opinión pública estadounidense a lo largo del tiempo.
Además, Gallup se distinguía por su metodología: encuestas telefónicas realizadas por entrevistadores en vivo, una práctica cada vez menos común, pero reconocida por su solidez y su historial de precisión.
Con esta decisión, Gallup cierra un capítulo fundamental en la medición de la democracia estadounidense, dejando un vacío simbólico y estadístico en la forma en que se ha evaluado, durante generaciones, la relación entre los presidentes y el sentir del pueblo.


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