La paz devuelve estabilidad parcial al mercado energético, aunque la inflación seguirá presionando a las economías
Madrid.– El estrecho de Ormuz, arteria marítima por donde circula cerca del 20 % del petróleo mundial, reabrirá este viernes después de permanecer bloqueado durante más de tres meses de conflicto en Oriente Medio. La noticia llega en paralelo a la firma del acuerdo de paz, que ha permitido que el precio del crudo brent, referencia en Europa, reduzca su tensión tras haber repuntado casi un 10 % desde el inicio de la guerra.
El recorrido del petróleo en 110 días
El mercado vivió jornadas de extrema volatilidad: en la primera semana, el brent se disparó un 28 % y superó los 90 dólares; al mes, acumulaba un alza superior al 55 %, hasta 112,57 dólares. El 30 de abril alcanzó su máximo de 126,41 dólares, aunque nunca entró en “dinámica de pánico”, según Nicolás López, director de análisis de Singular Bank, gracias a la expectativa de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán.
La cotización se estabilizó entre 90 y 110 dólares gracias a medidas compensatorias: liberación de reservas estratégicas, desvío de rutas hacia el mar Rojo, incremento de producción en Estados Unidos, Kazajistán y Brasil, y menor demanda de China.
Impacto económico y riesgos
Aunque el flujo marítimo estuvo restringido, el profesor Juan Carlos Martínez Lázaro (IE University) subraya que el comportamiento del crudo fue “más moderado de lo esperado” dada la magnitud del conflicto. Aun así, el barril llegó a revalorizarse más del 74 % y el gas superó el 100 %.
El efecto más visible ha sido la inflación: en la zona euro, el IPC de mayo se situó en 3,2 %, lo que llevó al Banco Central Europeo a subir los tipos al 2,25 %. En Estados Unidos, la inflación escaló al 4,2 %. López advierte que un endurecimiento monetario para contener los precios es el mayor riesgo para los mercados, mientras que Martínez Lázaro recuerda que los alimentos también se encarecieron por la crisis de fertilizantes y transporte.
Una recuperación lenta
Los expertos coinciden en que, aunque la reapertura de Ormuz aliviará la presión sobre la oferta, la inflación tardará más de lo previsto en regresar a niveles previos al conflicto. Las medidas compensatorias no son sostenibles a largo plazo y el shock energético podría seguir trasladándose a los precios finales.


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